viernes, 26 de septiembre de 2014

The eternal waiting

Cuando era niña me conmovía mucho la canción del muelle de San Blas de Maná. Me daba mucha tristeza pensar en la mujer que se quedó toda la vida esperando que el pelado regresara, o como lo llamaría Disney, a su amor verdadero.

Yo no sé cómo hace el mundo para construir la mente femenina, bueno lo sé a grandes rasgos, pero cómo es que hacen para crear en nosotras estas específicas necesidades con respecto a una relación de pareja. El punto es que si me pongo a cuestionar todo, llego a un punto donde no sé si lo que siento es real, o es solo una necesidad ficticia que el mundo ha implantado en mí. Y ahora mi necesidad de tener a alguien con quien platicar todos los días no sé si es una exageración o un invento, lo único que sé es que la siento. 

La diferencia radica en que el mundo creó a las mujeres muy simpáticas para que tuvieran muchos amigos y gente de donde recibir la atención que requieren y satisfacer esta necesidad de afecto, yo por el contrario, soy una persona antipática, solitaria, y de otra época u otro planeta, que no hace vínculos tan fuertes con casi nadie, ni siquiera su propia familia, he ahí la exigencia que se le pone a mi pareja en turno, de estar presente todos los días, porque no hay más opciones que lo hagan.

Lo curioso es que ni siquiera me parece que sea una exigencia tan exagerada, pero tal vez estoy tan bien programada que lo veo tan natural. Me han enseñado tan bien que una debe ser la número uno en la vida de la pareja y que tu amor verdadero te pondrá en ese lugar sin pensarlo dos veces, que cuando te encuentras con que la realidad es diferente, hay un choque doloroso en tu interior. 

En este punto no sé quién tiene la razón y quién se equivoca, o si siquiera hay una respuesta adecuada. Creo que no. Creo que cada quién es diferente y en cada relación funciona distinto, pero lo que sé es lo que siento, y que aunque lamento que para algunos sea mucho, no puedo hacerlo de otra manera, simplemente he decidido no quedarme a esperar a que el supuesto amor de mi vida se digne a concederme el tiempo y presencia que necesito de él, y mientras tanto quedarme con migajas. No voy a ser la chica que espera con el mismo vestido toda su vida.

No me queda más que decir que si eres una persona que desea una independencia absoluta y tiene otras prioridades, no elijas como pareja a una chica solitaria.






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